domingo, 3 de agosto de 2008

Olimpiadas de Pequín

Los deportistas de élite, los olímpicos, a menudo son imagen de campañas publicitarias a favor de causas humanitarias. Digo campañas publicitarias porque en realidad es lo que son, por mucho que se empeñen en denominarlas humanitarias. Claro ejemplo son estas olimpiadas. Si realmente estuviesen concienciados e involucrados en las banderas que tan a menudo enarbolan, a pesar de las decisiones políticas, no hubiesen acudido a Pekín, capital de un país, China, donde los derechos humanos no existen. Justificaciones tienen de todos los colores y tamaños, pero sólo son sacos vacíos. ¿Cómo creer en su próxima campaña publicitaria o tertulia televisiva enarbolando alguna bandera a favor del humanismo? . Por cierto, este tipo de campañas y donaciones, ¿desgrava fiscalmente?

Es muy posible que yo sea una utópica por creer que es posible lograr una sociedad más justa e igualitaria si todos los que formamos parte de ella realmente nos implicamos en esta búsqueda de igualdad. Implicarse no es salir en la foto, luego de haber cobrado una buena cantidad de dinero por ello. Eso es la NADA, lo que ahora mismo, sobre todo en el llamado primer mundo, tenemos a raudales, NADA.

¿Utopía o justicia? ¿Acaso ambas no son importantes?