Tres amigos salen de excursión. De repente divisan a un hombre sentado en la cima de una colina. Uno de los amigos asegura:
No hay duda de que aquel hombre se siente enfermo.
Otro replica:
No, lo que le sucede es que se ha perdido.
Otro asevera:
Sin duda está esperando a alguien.
Comienzan a polemizar y como no se ponen de acuerdo, deciden ascender a la cima de la colina para preguntarle directamente al hombre.
¿Verdad que estás aquí porque te has perdido?
No, responde el hombre
Seguro que estás aquí sentado porque te has sentido indispuesto.
No, responde el hombre
¿A que estás aquí porque esperas a alguien?
No, responde el hombre
Y ya los tres amigos, extrañados, preguntan:
Entonces ¿qué haces aquí?
Y el hombre, apaciblemente, responde:
ESTOY
Sosiego es un término que en su raíz quiere decir "sentarse". ¿Sentarse, para qué?. Para asentarse en uno mismo y recuperar calma mental y serenidad de espíritu.
Karl Popper, uno de los filósofos más importantes del siglo XX, escribió:
"Todos los hombres y todas las mujeres son filósofos; o, permítasenos decir, si ellos no son conscientes de tener problemas filosóficos, tienen, en cualquier caso, prejuicios filosóficos. La mayor parte de estos prejuicios son teorías que inconscientemente dan por sentadas o que han absorbido de su ambiente intelectual o de su tradición... Una justificación de la existencia de la filosofía profesional reside en el hecho de que los hombres necesitan que haya quien examine críticamente estas extendidas e influyentes teorías".
Popper tiene razón en que los seres humanos damos por sentadas (es decir, por verdaderas) muchas teorías o creencias, sin haberlas sometido a una crítica profunda que nos revele su posible verdad o falsedad.
Sin embargo, muchos seres humanos viven felices en su ignorancia acerca de cómo es en realidad el mundo. Y no quieren salir de ella, porque eso significaría "comerse el coco" para no resolver nada, con el añadido de que esa situación provoca angustia, porque muchas veces no podemos encontrar respuestas a nuestras preguntas.
Si tú tuvieras que elegir, ¿qué preferirías: ser feliz en tu ignorancia o vivir con angustia intentando encontrar la verdad? ¿Por qué elegirías esa opción?
No me llames extranjero, por que haya nacido lejos, O por que tenga otro nombre la tierra de donde vengo No me llames extranjero, por que fue distinto el seno O por que acunó mi infancia otro idioma de los cuentos, No me llames extranjero si del amor de una madre, Tuvimos la misma luz en el canto y en el beso, Con que nos sueñan iguales las madres contra su pecho.
No me llames extranjero, ni pienses de donde vengo, Mejor saber donde vamos, adonde nos lleva el tiempo, No me llames extranjero, por que tu pan y tu fuego, Calman mi hambre y frío, y me cobije tu techo,
No me llames extranjero, tu trigo es como mi trigo Tu mano como la mia, tu fuego como mi fuego, Y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño.
Y me llamas extranjero por que me trajo un camino, Por que nací en otro pueblo, por que conocí otros mares, Y zarpé un día de otro puerto, si siempre quedan iguales en el Adiós los pañuelos, y las pupilas borrosas de los que dejamos Lejos, los amigos que nos nombran y son iguales los besos Y el amor de la que sueña con el día del regreso.
No me llames extranjero, traemos el mismo grito, El mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre Desde el fondo de los tiempos, cuando no existían fronteras, Antes que vinieran ellos, los que dividen y matan, Los que roban, los que mienten los que venden nuestros sueños, Los que inventaron un día, esta palabra, extranjero.
No me llames extranjero que es una palabra triste, Que es una palabra helada huele a olvido y a destierro, No me llames extranjero mira tu niño y el mío Como corren de la mano hasta el final del sendero, No me llames extranjero ellos no saben de idiomas De límites ni banderas, míralos se van al cielo Por una risa paloma que los reúne en el vuelo.
No me llames extranjero piensa en tu hermano y el mío El cuerpo lleno de balas besando de muerte el suelo, Ellos no eran extranjeros se conocían de siempre Por la libertad eterna e igual de libres murieron
No me llames extranjero, mírame bien a los ojos, Mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo, Y verás que soy un hombre, no puedo ser extranjero
La letra de la canción es de Rafael Amor y la cantan Facundo Cabral y Alberto Córtez.
En las grises calles, de las ciudades o en áridas tierras de pueblos perdidos, por doquier deambulan entre vicio y mugre las caritas sucias de ojos dolidos, de manos vacías, de sueños sombríos que a sus cortos años pasmados descubren un mundo egoísta de ambición y muerte, que los abandona a su incierta suerte.
Y hay quien los critica porque son rateros, porque inhalan tinta y son agresivos, porque a nadie aman, por que son ateos, porque son escoria ¡niños no queridos!
Qué vergüenza siento que yo forme parte de una sociedad que nada comparte, que inmersa en su mundo de absurdos valores, olvida esos niños que son baluarte de un mundo futuro con hombres mejores.
Qué vergüenza siento por no reparar, en que soy culpable por complicidad
Porque nada hacemos para conquistar el derecho de esos niños que imploran piedad ¡Que si inhalan tinta es para olvidar que son el oprobio de esta cruel sociedad!
Somos culpables de sus almas dolidas, de sus puños crispados, de su agresividad, si nunca han sentido unas manos amigas, ¿cómo exigirles que sepan amar?
Qué vergüenza siento de tanta inmundicia porque tengo oídos y no sé escuchar, esas voces tiernas que claman justicia y que el mismo Dios parece ignorar.
Que triste que el hambre los queme por dentro, que sus ojos secos no sepan llorar, y su voz se pierda como hoja al viento al oído sordo de mi sociedad.
Qué triste que tengan al cielo por techo, periódicos viejos para sosegar, el frío que cala muy hondo en los huesos en las largas noches de su soledad.
Ay! Qué vergüenza siento por no reparar en que soy culpable ¡por complicidad!